
PARTE I – La excepción que rompe la regla de las licencias
![Asterix [NES]](https://i0.wp.com/nivelsecreto.com/wp-content/uploads/2016/11/Asterix-NES.jpg?resize=1290%2C1764&ssl=1)
Hay una regla no escrita que todos los que crecimos en los 90 aprendimos a la fuerza, a base de alquileres de fin de semana desperdiciados: los videojuegos basados en películas o cómics suelen ser un desastre. Por cada Batman de Sunsoft que nos volaba la cabeza, había una decena de títulos mediocres diseñados solo para sacar dinero rápido a los abuelos despistados. Sin embargo, en 1993, cuando la NES ya estaba tosiendo polvo ante la hegemonía de los 16 bits, llegó un cartucho que no solo respetaba la obra de René Goscinny y Albert Uderzo, sino que exprimía el hardware de Nintendo hasta su última gota.
Hablamos de Asterix (a veces listado simplemente como Astérix en las revistas de la época). Desarrollado por el estudio español Bit Managers (bajo el sello de Infogrames), este título es una joya tardía del catálogo. Mientras que en Japón y Estados Unidos la atención estaba puesta en la Super Nintendo o la Sega Genesis, en Europa —y por rebote en los circuitos de emulación y piratería de LATAM— recibimos una aventura de plataformas que demostró que a la vieja tostadora gris todavía le quedaba magia gala por ofrecer. No estamos ante un simple producto de marketing; estamos ante uno de los techos técnicos de la consola.
PARTE II – ¡Por Tutatis! Han secuestrado a Obélix
A diferencia de la mayoría de las historias del pequeño galo donde los romanos son meros sacos de boxeo, aquí la trama toma un giro interesante que justifica la jugabilidad en solitario. El argumento es sencillo y directo, funcionando como una amalgama de varios álbumes de la historieta: el inquebrantable Obélix ha desaparecido. Julio César, cansado de ser humillado, ha logrado capturar al repartidor de menhires y lo ha dispersado (metafóricamente, no literalmente) a través de diferentes regiones del Imperio Romano.
El tono es respetuoso al máximo con el material original. Aunque la NES no permitía grandes cinemáticas, el juego utiliza viñetas estáticas y cuadros de texto que capturan perfectamente el humor irónico de los cómics. No hay dramas innecesarios ni giros oscuros; es la pura esencia de la aldea gala: un viaje de rescate que nos lleva desde los bosques de la Galia hasta las montañas heladas y, finalmente, al corazón de Roma. La narrativa no te estorba, te da una excusa perfecta para beber poción mágica y mandar romanos a la estratosfera.

PARTE III – Puñetazos con sabor a cómic
Si algo define la sensación a los mandos —el game feel— de Asterix en NES, es la contundencia. Controlar a Astérix es una delicia de precisión. A diferencia de otros plataformas de la época que sufrían de controles resbaladizos (te estoy mirando a ti, Ice Climber), aquí el movimiento es nítido.

La mecánica central gira en torno al puñetazo básico. Bit Managers logró algo difícil en 8 bits: que golpear a un enemigo se sintiera satisfactorio. Al impactar a un legionario, este sale disparado con una física «cartoon» que recuerda inmediatamente a los dibujos animados, a menudo dejando caer las sandalias.
El diseño de niveles es sorprendentemente vertical y variado. No solo corres de izquierda a derecha; exploras. El juego introduce power-ups basados en las pociones del druida Panoramix que añaden capas de estrategia:
- Poción Verde: Te permite flotar e inflarte, vital para secciones aéreas.
- Poción Roja: Fuego puro para eliminar obstáculos.
- Poción Amarilla (La clásica): Invencibilidad temporal y velocidad absurda para arrasar con todo.
La curva de dificultad es, siendo honestos, exigente pero justa. Estamos en 1993; los desarrolladores ya sabían cómo equilibrar un juego. No tiene la crueldad de un Battletoads, pero los niveles finales en Roma requieren una precisión milimétrica en los saltos.
PARTE IV – El orgullo de Barcelona
Para entender la recepción de este juego, hay que mirar el mapa. En España y Europa, la prensa especializada (como la mítica Hobby Consolas o Superjuegos) se deshizo en elogios. Se le consideró un «canto de cisne» de la consola, destacando sus gráficos que, por momentos, coqueteaban con la calidad de una Master System o incluso una SNES temprana en cuanto a colorido y tamaño de sprites.
Sin embargo, su legado es agridulce en el plano global. Al ser un lanzamiento PAL exclusivo (Europa), el mercado americano (NTSC-USA) se lo perdió oficialmente. Esto significa que, históricamente, muchos rankings estadounidenses de «Mejores juegos de NES» lo ignoran injustamente simplemente porque no lo vieron en las estanterías de Toys «R» Us.
Pero su impacto en la industria española fue monumental. Bit Managers (anteriormente New Frontier) demostró tal maestría con el hardware de Nintendo que Infogrames les confió prácticamente todas sus licencias importantes para portátiles en los años siguientes (los juegos de Los Pitufos, Tintín, etc., en Game Boy fueron obra suya). Asterix en NES fue la carta de presentación que validó el talento de desarrollo del sur de Europa al mundo.
PARTE V – Una rareza regional
Los jugadores españoles disfrutaron de la versión PAL original que incluía, gloriosamente, textos en español. Fue un orgullo local para los jugadores e imagino una gozada poder jugar un juego sin el diccionario Larousse al lado, poder jugarlo español en una consola de 8 bits no era la norma en aquella época, y ver los chistes traducidos correctamente fue un plus inmenso. Para los latinoamericanos la historia fue distinta, como esta región funcionaba casi exclusivamente bajo el estándar NTSC (importado de USA), este juego no llegó a las tiendas oficiales. ¿Cómo lo llegaron a conocer algunos entonces? A través de la «magia negra» de los 90: los cartuchos multijuegos de los mercados grises o, años más tarde, gracias a la emulación en PC. Para muchos latinos, descubrir este juego en un emulador a principios de los 2000 fue un shock: «¿Cómo me perdí esta maravilla que además está en español?».
PARTE VI – ¿Cómo jugarlo hoy?
Si quieres ponerte el casco con alas y repartir tortazos a los romanos, la situación actual requiere un poco de arqueología digital.
- Hardware Original: Si eres un purista y tienes una NES versión PAL (europea), el cartucho es relativamente común en el mercado de segunda mano del viejo continente. Sin embargo, si tienes una consola americana, necesitarás modificar la consola o usar un adaptador para que funcione, y prepárate para problemas de velocidad (el juego correrá un 17% más rápido de lo debido por la diferencia de 50Hz a 60Hz).
- Colecciones Modernas: Actualmente, los derechos de los juegos clásicos de Asterix son un laberinto legal. Aunque Microids ha estado lanzando remasterizaciones de la serie XXL, este título específico de 8 bits no se encuentra fácilmente en las tiendas digitales de Switch, PlayStation o Xbox como compra individual.
- Emulación: Hoy en día, esta es la vía más accesible y responsable para preservar la experiencia, especialmente para quienes vivimos en territorio NTSC.
PARTE VII – La maestría de Alberto González
Este apartado merece una mención de honor y ponerse de pie. El apartado gráfico es sublime, con un uso de la paleta de colores de la NES que evita los tonos apagados y apuesta por colores vibrantes que imitan el entintado del cómic. Los sprites tienen contornos negros definidos y animaciones expresivas.
Pero la verdadera estrella es el sonido. La banda sonora fue compuesta por Alberto José González (conocido en la escena como McAlby). Si eres un geek del audio chiptune, conoces este nombre. Alberto es un mago que hacía sonar la NES y la Game Boy como si tuvieran canales de audio extra. Las melodías de Asterix son pegadizas, complejas y utilizan arpegios rápidos para simular acordes que el hardware apenas podía manejar. La música del nivel de «Los Piratas» o el tema principal son, sencillamente, de lo mejor que ha salido del chip de sonido 2A03.
PARTE VIII – Los secretos de la aldea
Para cerrar, un poco de data dura para presumir con tus amigos:
- El Error de Identidad: Es muy común confundir este juego con el Asterix de Hudson Soft (lanzado en 1991). Son juegos totalmente distintos. El de Hudson es bueno, pero el de Bit Managers (1993) es superior técnicamente.
- Códigos de Nivel: El juego utiliza un sistema de passwords para no perder el progreso. Curiosamente, estos códigos a menudo usaban nombres de personajes de los cómics, manteniendo la inmersión hasta en la pantalla de «Game Over».
- El Truco de los Créditos: Como era costumbre en los desarrolladores de la época que querían dejar su firma, hay secuencias de botones específicas que, si se introducen en el momento adecuado, revelan los nombres del equipo de desarrollo español, algo que a menudo los publishers intentaban ocultar en los manuales internacionales.
- Censura Visual: A diferencia de otros juegos japoneses adaptados a occidente, Asterix se mantuvo muy fiel. La violencia caricaturesca (romanos volando, ojos morados) pasó el filtro de censura sin problemas porque, al fin y al cabo, «son están locos estos romanos».
Si te gustan los plataformas de 8 bits que exprimieron la consola, no te pierdas nuestro análisis de Kirby’s Adventure o nuestro especial sobre los mejores juegos de Disney en NES.
