Battleship [NES]

PARTE I – Más allá del plástico y los pines

Battleship [NES]

Teníamos el corazón roto demasiadas veces. En aquella época dorada de los 8 bits, ver la adaptación de una película o un juego de mesa en la estantería del videoclub solía ser sinónimo de desastre. Era una ley no escrita: si venía de una licencia famosa, probablemente era un intento perezoso de sacarnos el dinero del almuerzo. Sin embargo, de vez en cuando, aparecía un cartucho que desafiaba esa lógica cínica y nos demostraba que, con un poco de cariño, hasta el concepto más simple podía transformarse en una joya. Battleship para la Nintendo Entertainment System (NES) fue esa excepción a la regla, un título que tomó la premisa básica de hundir la flota y la convirtió en una simulación bélica tensa y adictiva.

Lanzado en 1993, cuando la Super Nintendo ya acaparaba los reflectores y la NES vivía su glorioso crepúsculo, este título llegó de la mano de Mindscape. Aunque en Japón el concepto de juegos de guerra por turnos (como la serie Famicom Wars) ya estaba asentado, en occidente Battleship se presentó como una evolución digital del clásico juego de mesa de Milton Bradley (hoy Hasbro). No se trataba simplemente de replicar la experiencia de insertar pines rojos y blancos en un tablero de plástico; los desarrolladores entendieron que el medio digital permitía algo más: atmósfera, narrativa y, sobre todo, explosiones.

El juego se enmarca en el género de la estrategia por turnos, pero con un giro arcade muy accesible. Mientras que otros títulos de la época buscaban la complejidad estadística, Battleship apostó por la inmediatez táctica. Fue publicado en un momento donde los jugadores de consola empezaban a demandar experiencias más cerebrales, sirviendo como un puente perfecto entre la acción directa y la gestión de recursos. Aunque existió una versión para Game Boy y posteriormente para Game Gear, la versión de sobremesa de Nintendo es la que recordamos con más cariño por su presentación visual y su capacidad para mantenernos pegados al televisor de tubo, rezando para que el siguiente disparo no cayera en el agua.

PARTE II – Una campaña bélica en alta mar

Lo sorprendente de Battleship en su versión de 8 bits es que no se limitó a ofrecernos una sucesión de partidas aleatorias contra la CPU. Mindscape tuvo la audacia de inyectar una narrativa, una estructura de campaña que daba sentido a nuestras batallas. No éramos simplemente jugadores moviendo fichas; éramos comandantes navales ascendiendo en el escalafón militar, enfrentándonos a una galería de villanos que parecían sacados de una película de acción de serie B de los sábados por la tarde.

La premisa es sencilla pero efectiva: el mundo está en conflicto y tú eres la última línea de defensa naval. A través de una serie de niveles progresivos, el juego nos presenta a diferentes almirantes enemigos, cada uno con su propia personalidad y retrato pixelado. Estos rivales no eran meros avatares; tenían nombres y rangos, y el juego utilizaba escenas cinemáticas estáticas y diálogos de texto para establecer el tono antes de cada enfrentamiento. Recuerdo claramente la sensación de progreso; no era solo ganar, era derrotar al siguiente general en el mapa para recuperar territorio.

La narrativa se contaba principalmente a través de estas interacciones pre-batalla y los informes de misión. Aunque hoy pueda parecer rudimentario, en 1993, ver a tu oponente burlarse de ti antes de iniciar el combate añadía una capa de rivalidad personal que el juego de mesa físico jamás podría replicar. El tono oscilaba entre lo militarmente serio y lo caricaturesco, muy propio de la era de los 90, donde los «malos» eran muy malos y nosotros, los héroes, teníamos la responsabilidad moral de detonar cada uno de sus submarinos. Esta estructura de niveles transformó lo que podría haber sido un pasatiempo casual en una cruzada personal por la supremacía oceánica.

PARTE III – Arsenal táctico y tensión pixelada

Aquí es donde Battleship realmente brilla y se separa de su contraparte de plástico. La jugabilidad base respeta la regla de oro: una cuadrícula oculta, barcos de diferentes tamaños y la incertidumbre de la niebla de guerra. Sin embargo, la versión de NES introdujo una capa de profundidad mecánica que cambió las reglas del enfrentamiento. Ya no se trataba solo de disparar un tiro por turno a una coordenada ciega; ahora teníamos que gestionar un arsenal completo y recursos limitados.

La gran innovación fue la introducción de armamento especial. Además del disparo estándar, teníamos acceso a misiles que cubrían patrones específicos en la cuadrícula. Recuerdo la satisfacción de desbloquear y usar los misiles Harpoon o los Tomahawk, que podían golpear múltiples casillas en forma de cruz o en áreas de 3×3. Esto añadía un elemento de gestión de recursos crucial: ¿Gastas tu armamento pesado al principio para intentar localizar al enemigo al azar, o lo guardas para cuando tengas una confirmación visual y quieras asegurar el hundimiento? Esa decisión constante elevaba la tensión de cada turno.

El «game feel» era sorprendentemente robusto para un juego de tablero digital. El sonido del sonar, la animación del misil volando hacia la pantalla y el impacto (o el chapoteo decepcionante del agua) tenían un peso real. A diferencia de la versión de Game Boy, aquí el color jugaba un papel vital para diferenciar los tipos de terreno y las unidades. Además, la curva de dificultad estaba muy bien ajustada. Los primeros niveles eran un paseo para familiarizarse con los controles, pero a medida que avanzábamos, la IA enemiga se volvía despiadada, utilizando sus propias armas especiales con una precisión que a veces nos hacía sospechar si la máquina estaba «haciendo trampas» y mirando nuestro mapa, una sospecha clásica de nosotros los veteranos de la estrategia en 8 bits.

PARTE IV – El precursor olvidado

En su momento, la recepción de Battleship fue moderadamente positiva, aunque no exenta de escepticismo inicial. Las revistas de la época, como Nintendo Power en Estados Unidos o las publicaciones que llegaban a nuestros quioscos, elogiaron el esfuerzo de Mindscape por añadir «carne» al esqueleto del juego de mesa. Se valoró mucho la inclusión de las armas especiales y las animaciones de combate, que rompían la monotonía estática típica del género. Sin embargo, algunos críticos señalaron que, en el fondo, seguía dependiendo en gran medida de la suerte, un factor inherente al diseño original que ningún código de programación podía eliminar del todo.

Visto con la perspectiva del tiempo, el juego ha envejecido con una dignidad envidiable. Mientras que muchos juegos de acción o plataformas de 1993 sufren por controles toscos o gráficos parpadeantes, la naturaleza pausada y estratégica de Battleship lo mantiene fresco. Es un título que se siente «limpio» y funcional. Su legado, aunque sutil, es importante. Podríamos argumentar que juegos como este prepararon el terreno en occidente para la aceptación masiva de la estrategia por turnos en consolas portátiles que veríamos años después con Advance Wars.

No reinventó la rueda, pero demostró que las adaptaciones de licencias no tenían por qué ser basura. Influyó en cómo se percibían los juegos de mesa digitales: no como sustitutos inferiores, sino como versiones «aumentadas». Para muchos de nosotros, fue la primera vez que entendimos que la estrategia militar podía ser tan emocionante como un juego de plataformas, sembrando la semilla para nuestra futura obsesión con géneros más complejos en PC y consolas posteriores.

PARTE V – La barrera del idioma en los 90

Hablar de la localización de Battleship es contar la misma historia de siempre, para el mercado de España, la distribución europea solía ser más errática con títulos de «segunda fila» como este. Aunque existieron versiones PAL, la norma general para este tipo de producciones era mantener el software en inglés, limitando la traducción al manual de instrucciones y la caja. Era raro ver una traducción integral de textos en pantalla para un juego de estrategia de una third-party en la NES, salvo contadas excepciones.

En Latinoamérica, la historia fue la de siempre: territorio NTSC-USA puro y duro. Crecimos jugando la versión americana, lo que significaba que todo el texto estaba en inglés. Sin embargo, Battleship tenía una ventaja: su lenguaje era universal. «HIT», «MISS» y «SUNK» eran palabras que aprendimos a la fuerza, integrándolas en nuestro vocabulario gamer básico. Las descripciones de las armas requerían un poco más de intuición o un diccionario a mano, pero la interfaz visual era lo suficientemente clara como para que la barrera idiomática no impidiera el disfrute.

Afortunadamente, la comunidad de romhacking ha hecho justicia con el tiempo. Existen parches de traducción creados por fans que permiten disfrutar de la campaña y los diálogos de los almirantes enemigos en perfecto español. Es un trabajo de amor al arte que recomiendo buscar si quieres entender las provocaciones de los rivales y sumergirte completamente en la atmósfera de la campaña, algo que muchos nos perdimos por ser niños que apenas balbuceaban el idioma de Shakespeare.

PARTE VI – Navegando aguas legales

Si hoy sientes la llamada del deber naval y quieres revivir este clásico, te encontrarás con un panorama mixto. Debido a que Battleship es una licencia propiedad de Hasbro, y el juego fue desarrollado por una compañía externa, los derechos de distribución digital suelen estar en un limbo legal complicado. Actualmente, no es común encontrar este título específico en las tiendas virtuales de las consolas modernas o en los servicios de suscripción oficiales, que suelen priorizar IPs propias de Nintendo o grandes clásicos de compañías japonesas.

Para el purista, la opción más auténtica sigue siendo el hardware original. El cartucho de NES de Battleship no es considerado una rareza extrema en el mercado de segunda mano, por lo que es relativamente accesible y asequible para el coleccionista medio. Tener el cartucho gris en la mano y sentir el tacto de la etiqueta sigue teniendo una magia insustituible.

Sin embargo, para la gran mayoría, la emulación responsable es la vía más lógica para preservar y experimentar este título. Jugarlo en un emulador permite ciertas comodidades modernas, como los «save states», que, aunque puristas puedan considerar trampa, ayudan a mitigar la frustración de una partida larga que se va al traste por una racha de mala suerte. Sea cual sea el método que elijas, la experiencia táctica se mantiene intacta y sigue siendo igual de gratificante hundir ese portaaviones escurridizo que te ha estado eludiendo durante veinte turnos.

PARTE VII – La guerra en 8 bits

Estéticamente, Battleship hace un uso inteligente de las limitaciones de la NES. Los artistas optaron por una interfaz limpia y funcional para el tablero, utilizando una paleta de azules y verdes que resultaba agradable a la vista durante sesiones largas. Pero donde realmente se volcaron fue en las «cutscenes» de batalla. Cuando un misil impactaba, el juego cortaba a una animación detallada del barco recibiendo el daño, con explosiones pixeladas que, para la época, eran tremendamente satisfactorias. El diseño de los personajes enemigos, aunque estereotipado, tenía carisma y un buen uso del sombreado para darles volumen.

En el apartado sonoro, el juego cumple con creces. La banda sonora tiene ese aire marcial y heroico, con marchas militares sintetizadas que te ponen en situación de combate inmediatamente. No es la banda sonora más compleja de la consola, pero las melodías son pegadizas y acompañan bien la acción sin volverse taladrantes. Los efectos de sonido merecen una mención especial: el ruido sordo del lanzamiento de un misil, el pitido del sonar y, sobre todo, el estruendo crujiente de una explosión exitosa. Ese feedback auditivo era crucial para la satisfacción del jugador; cada acierto sonaba contundente, recompensando tu estrategia con un estallido digital glorioso.

PARTE VIII – Códigos de guerra

Como buen juego de su era, Battleship no estaba exento de secretos y trucos que circulaban en los patios de recreo y en las páginas de trucos de las revistas. Una de las curiosidades más interesantes es su sistema de contraseñas. Al no tener batería de guardado, el juego dependía de passwords para continuar la campaña. Estos códigos se convirtieron en moneda de cambio entre amigos; tener el código del último nivel te convertía en el rey del videoclub por un día.

Otra curiosidad notable es la existencia de una secuela espiritual y directa en Super Nintendo, Super Battleship, que intentó llevar la fórmula al siguiente nivel con gráficos pseudo-3D y navegación en tiempo real, pero que para muchos perdió la elegancia y simplicidad directa de esta entrega de NES. A veces, más tecnología no significa mejor jugabilidad.

Y no podemos olvidar el «glitch» o comportamiento errático de la IA en los niveles finales, donde a veces parecía «olvidar» que ya había disparado en una zona, regalándonos un turno vital que podía significar la diferencia entre la victoria y la derrota. Son esos pequeños detalles imperfectos los que nos hacen recordar este cartucho con tanto cariño.

Si te apasiona la estrategia en consolas de Nintendo, no te pierdas nuestro repaso a la historia de Advance Wars y su legado portátil. Para más joyas ocultas de la 8 bits, echa un vistazo a nuestro top de Juegos Infravalorados de NES.