Cowboy Kid [NES]

PARTE I – Cuando el Lejano Oeste se encontró con el Rol Japonés

Pocos saben que este juego, escondido tras una de las portadas más extrañas y poco favorecedoras de la historia de la localización americana, ocultaba una de las joyas más brillantes y subversivas del catálogo final de la Nintendo Entertainment System. A menudo, cuando pensamos en el género western en los 8 bits, nuestra mente viaja automáticamente al frenetismo arcade de Gun.Smoke o a las plataformas de Sunset Riders. Sin embargo, en 1991, mientras la atención del mundo comenzaba a desviarse hacia la inminente llegada de los 16 bits, una pequeña desarrolladora llamada Pixel, bajo el sello de Visco Corporation, decidió que el viejo oeste necesitaba algo más que balas: necesitaba estadísticas, exploración y libertad.

Conocido en su tierra natal, Japón, bajo el título mucho más descriptivo de Western Kids (ウエスタンキッズ), este título llegó a nuestras costas americanas en 1992 gracias a Romstar, rebautizado simplemente como Cowboy Kid. Fue un lanzamiento tardío, de esos que muchos ignoraron en las estanterías de los videoclubs porque sus ojos ya estaban puestos en la Super Nintendo o la Sega Genesis. Sin embargo, para quienes tuvimos la suerte —o la curiosidad— de alquilarlo un fin de semana, nos encontramos con una propuesta que desafiaba las convenciones: un juego que mezclaba la acción «beat ‘em up» con la profundidad de un RPG ligero, todo envuelto en una estética «chibi» que contrastaba radicalmente con la rudeza de sus mecánicas.

El juego aterrizó en un momento extraño para la industria. Era la época dorada de Konami y Capcom, y los estándares de calidad eran altísimos. Visco, aunque menos conocida, logró con Cowboy Kid emular esa sensación de «producto premium» que solíamos asociar a las grandes compañías. No era solo un juego de disparos; era una aventura ambiciosa que intentaba replicar la fórmula de River City Ransom (o Street Gangs en Europa) pero cambiando las calles de los barrios bajos japoneses por cantinas, desiertos y pueblos polvorientos controlados por forajidos.

PARTE II – Una Placa de Sheriff, un Mapa Abierto y los Escorpiones

La premisa narrativa de Cowboy Kid es tan clásica como efectiva, bebiendo directamente de los tropos del Spaghetti Western, pero filtrados a través de una lente de anime shonen. Asumimos el papel de Sam, un joven pistolero que es nombrado sheriff interino con una misión monumental: limpiar una serie de pueblos aterrorizados por la banda de los Escorpiones. A diferencia de otros títulos de la época que nos lanzaban a la acción sin contexto, aquí la narrativa se despliega a través de diálogos con el alcalde y los habitantes de los pueblos, dándonos un sentido de propósito más allá de simplemente «ir a la derecha y disparar».

Lo interesante no es tanto la historia en sí, que es funcional, sino cómo el juego nos permite vivirla. El tono es decididamente humorístico y ligero. A pesar de que estamos cazando criminales buscados, el juego nunca se toma demasiado en serio a sí mismo. Los villanos son caricaturescos, los diálogos (en su traducción al inglés) tienen ese encanto roto y directo de principios de los 90, y la interacción con los NPCs es vital. No estamos ante una narrativa lineal estricta; el juego nos presenta un mapa donde podemos elegir, hasta cierto punto, el orden en el que queremos liberar los pueblos, otorgando una sensación de agencia que era muy rara en los juegos de acción de 8 bits.

Esta estructura de «mundo semi-abierto» era ambiciosa. Cada pueblo tiene su propia identidad y sus propios problemas, y la narrativa ambiental, aunque primitiva, está presente. Entrar en una casa y hablar con un lugareño nos daba pistas sobre la debilidad del jefe de turno o la ubicación de un objeto clave. Era una narrativa que requiera participación activa; no bastaba con ser rápido con el gatillo, tenías que ser un sheriff que escuchaba a su gente, aunque esa gente fueran sprites cabezones de pocos píxeles de altura.

PARTE III – Más que Balas: La Fórmula ‘River City Ransom’ del Oeste

Si hay algo que define la experiencia de Cowboy Kid y lo eleva por encima del promedio, es su jugabilidad híbrida. A primera vista, parece un juego de acción lateral estándar, pero a los pocos minutos de tener el control en las manos, te das cuenta de la profundidad de sus sistemas. El «game feel» es sólido, con un control preciso que nos permite disparar, saltar y esquivar con fluidez, pero la verdadera magia reside en su economía y sus elementos de rol. Al derrotar enemigos, estos sueltan monedas y bolsas de dinero, un recurso que no es simplemente para la puntuación, sino vital para la supervivencia y el progreso.

El juego implementa un sistema de tiendas y mejoras que es el corazón de la experiencia. Con el dinero recolectado, podemos entrar en tiendas, bares y armerías para comprar comida (que restaura salud), mejor equipamiento (como sombreros que aumentan la defensa) y, lo más importante, mejores armas. Empezamos con un cuchillo y una pistola básica, pero podemos adquirir escopetas, ametralladoras y dinamita. Esta progresión de poder es sumamente satisfactoria; sentir cómo tu personaje pasa de ser un novato vulnerable a una máquina de justicia imparable es una curva de dificultad diseñada con maestría, recompensando al jugador metódico que se toma el tiempo de «grindear» un poco antes de enfrentar al jefe.

Además, Cowboy Kid brillaba con luz propia gracias a su modo cooperativo para dos jugadores. El segundo jugador tomaba el control de Little Chief, un nativo americano armado (inicialmente) con un tomahawk. La sinergia entre ambos personajes convertía el juego en una fiesta caótica y divertida, donde compartir el botín y cubrirse las espaldas era esencial. Y no podemos olvidar los minijuegos. Para ganar dinero extra, podíamos entrar en casinos y jugar al Blackjack o probar nuestra puntería en galerías de tiro. Estos desvíos no eran meros añadidos; eran mecánicas integrales que rompían la monotonía de la acción y añadían una capa de inmersión, haciéndonos sentir que realmente estábamos viviendo en ese mundo pixelado.

PARTE IV – De Rareza de Videoclub a Tesoro de Coleccionista

En su momento, la recepción crítica de Cowboy Kid fue, en el mejor de los casos, tibia. Las revistas de la época, como Nintendo Power o Electronic Gaming Monthly, a menudo lo relegaron a reseñas breves en las últimas páginas. Se le criticó por sus gráficos «infantiles» en una era donde los jugadores empezaban a demandar el realismo de los 16 bits, y algunos analistas no entendieron la mezcla de géneros, viéndolo como un juego de acción lento en lugar de un RPG de acción rápido. Fue un título que sufrió el síndrome del «lanzamiento tardío»: una idea brillante ejecutada en un hardware que el mercado estaba ansioso por jubilar.

Sin embargo, el tiempo ha sido extraordinariamente amable con Cowboy Kid. Hoy en día, ha envejecido mucho mejor que muchos de sus contemporáneos más famosos. Su estilo visual limpio y colorido disimula las limitaciones técnicas de la NES, y su jugabilidad profunda se siente moderna y respetuosa con el tiempo del jugador. En la actualidad, es considerado un «juego de culto» y una «gema oculta» por excelencia. Los coleccionistas y entusiastas del retrogaming han reevaluado su legado, reconociendo que Visco logró crear una experiencia que se adelantaba a su tiempo en términos de estructura y libertad.

Su influencia, aunque sutil, se puede rastrear en la persistencia de los «brawlers con elementos RPG». Títulos modernos independientes que buscan mezclar la acción arcade con la progresión de personajes tienen una deuda espiritual con juegos como este y River City Ransom. Cowboy Kid nos enseñó que un juego de acción no tenía por qué ser lineal y que la gestión de recursos podía ser tan emocionante como el combate mismo. Es un testamento a la creatividad de los desarrolladores japoneses que, incluso al final del ciclo de vida de una consola, seguían exprimiendo cada bit para ofrecer experiencias únicas.

PARTE V – La Barrera del Idioma en laFrontera

La historia de la localización de Cowboy Kid es un reflejo típico de la época, la distribución de títulos de compañías menores como Romstar o Visco era errática y, a menudo, inexistente a través de los canales oficiales principales. Es muy probable que los jugadores hispanohablantes que disfrutaron de este título lo hicieran a través de importaciones o en compilaciones piratas que circulaban en los mercadillos, y por supuesto, en inglés. No hubo una traducción oficial al castellano, lo cual era la norma, no la excepción, para este tipo de producciones «tier 2».

Esto supuso una barrera significativa para muchos niños de la época. Al ser un juego con fuertes componentes de RPG, entender qué hacía cada ítem en la tienda o qué nos pedía el sheriff requería tener un diccionario al lado o aprender por ensayo y error. Muchos jugadores se perdieron la mitad de la gracia del juego —el humor y las pistas de los aldeanos— simplemente porque el texto era ininteligible.

Afortunadamente, la comunidad de fans ha hecho justicia donde la industria no pudo. Hoy en día existen parches de traducción (romhacks) de excelente calidad realizados por grupos de aficionados dedicados. Estos parches no solo traducen el texto, sino que adaptan el humor y el contexto para que la experiencia sea tal y como debió ser. Gracias a estos traductores anónimos, ahora es posible disfrutar de la aventura de Sam y Little Chief entendiendo cada broma y cada misión, cerrando una herida lingüística que estuvo abierta durante décadas.

PARTE VI – En Busca del Cartucho Perdido

Si sientes la llamada del oeste y quieres probar este título hoy en día, prepárate para un desafío digno de un forajido. La disponibilidad legal de Cowboy Kid es, lamentablemente, complicada. Debido a la oscuridad de su lanzamiento original y a posibles limbos en los derechos de autor de las propiedades de Visco y Romstar, el juego no suele aparecer en las consolas virtuales modernas ni en los servicios de suscripción habituales de las grandes compañías. No es un título que encuentres fácilmente en las tiendas digitales actuales.

Para los puristas del hardware original, la situación es aún más crítica. El cartucho original de Cowboy Kid en su versión americana se ha convertido en uno de los «santos griales» del coleccionismo de NES. Su precio en el mercado de segunda mano ha escalado a cifras astronómicas, convirtiéndolo en una pieza de museo inaccesible para la mayoría de los mortales. Tener este cartucho en la estantería es un símbolo de estatus entre los coleccionistas hardcore, pero una barrera insalvable para quien solo quiere jugar.

Por lo tanto, para la inmensa mayoría de los jugadores que desean redescubrir esta joya, la emulación responsable se presenta como la vía más lógica y accesible. A través de la preservación digital, es posible experimentar el juego tal y como fue concebido, e incluso mejorarlo con las mencionadas traducciones de fans. Es una lástima que no exista una reedición oficial accesible, pues es un título que encajaría perfectamente en el ecosistema de juegos indie y retro actual, donde su jugabilidad brillaría con luz propia ante una nueva generación.

PARTE VII – Melodías del Desierto y Sprites con Personalidad

El apartado artístico de Cowboy Kid es un triunfo del diseño sobre la potencia bruta. Los artistas de Visco optaron por un estilo «Super Deformed» o «Chibi» para los personajes, dándoles cabezas grandes y cuerpos pequeños. Esta decisión, lejos de ser una limitación, permitió dotar a los sprites de una expresividad facial sorprendente para la NES. Cuando Sam recibe un golpe, cuando un enemigo sale volando o cuando entramos en una tienda, las animaciones están llenas de vida y humor. La paleta de colores es vibrante, alejándose de los marrones y grises típicos del género western para ofrecer cielos azules intensos, pueblos coloridos y desiertos que, aunque simples, son visualmente agradables.

En cuanto al sonido, la banda sonora es una mezcla curiosa y pegadiza. Los compositores lograron fusionar el «twang» clásico de las guitarras del oeste y las melodías de Ennio Morricone con el ritmo acelerado y electrónico del chiptune japonés. El resultado son temas que evocan la aventura y la acción, con líneas de bajo muy marcadas que te mantienen en tensión. Los efectos de sonido son contundentes: los disparos, las explosiones y el sonido de recoger monedas tienen ese «crunch» satisfactorio de los 8 bits que tanto nos gusta. Es una presentación audiovisual que, aunque no explota el hardware al límite como Kirby’s Adventure, tiene una cohesión y un carisma innegables.

PARTE VIII – El Misterio de la Portada y la Fortuna en el Casino

Para cerrar este análisis, no podemos ignorar el elefante en la habitación: la portada americana. Es, sin lugar a dudas, una de las decisiones de marketing más desconcertantes de la era. Mientras que el juego es colorido, estilo anime y simpático, la caja americana muestra a unos personajes dibujados con un estilo realista, oscuro y francamente grotesco que no tiene nada que ver con el contenido del cartucho. Sam parece un villano de película de terror de serie B y Little Chief tiene una expresión que ha causado pesadillas a más de un niño. Compararla con la portada japonesa, llena de alegría y estilo manga, es un estudio perfecto de cómo Occidente intentaba «madurar» los juegos a la fuerza en los 90.

Dentro del juego, una de las curiosidades más explotadas por los veteranos es el sistema de juego en el casino. Existe un patrón en el Blackjack que, con un poco de paciencia y observación (o usando los famosos «save states» en emulación), permite romper la economía del juego muy temprano. Si logras acumular el máximo de dinero al principio, puedes comprar el mejor equipo desde el primer pueblo, convirtiendo el resto de la aventura en un paseo triunfal. Es un «secreto a voces» que cambia radicalmente la forma de afrontar la dificultad.

Finalmente, vale la pena mencionar que el juego tiene un final ligeramente diferente dependiendo de la dificultad en la que lo juegues, un incentivo clásico de la época para dominar el cartucho. Cowboy Kid está lleno de estos pequeños detalles, desde cameos de personajes que parecen sacados de otras franquicias hasta diálogos ocultos. Es un juego que recompensa la curiosidad y que, décadas después, sigue teniendo secretos que ofrecernos a quienes estamos dispuestos a volver a ponernos la placa de sheriff.

Si te gustan los beat ‘em ups con profundidad, no te pierdas nuestro análisis retrospectivo de River City Ransom para NES. También puedes descubrir otras joyas ocultas de la consola en nuestro top de Juegos infravalorados de NES.